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HASTA PRONTO, BERNARDO

El pasado 15 de marzo fue un día histórico; un día como ese, en 1493, Cristóbal Colón desembarcó en el puerto de Palos tras su primer viaje a América. Y escarbando en la historia, muchos acontecimientos han sucedido en esta fecha en particular. Pero el pasado 15 de marzo fue también un día histórico por otro motivo: mi gran amigo Bernardo Roca-Rey dejó este mundo.

Sinceramente, me costará pensar en adelante en este día como uno triste, pues si es cierto que los “buenos se van jóvenes”, Bernardo, de 77 años, tendría que haberse ido hace décadas. Pero déjenme contarles quién fue Bernardo Roca-Rey y por qué necesitaría una colección de varios tomos para calar el espíritu de este hombre al que pude llamar “amigo”. Bernardo fue muchas cosas en su vida, quizá demasiadas. Bernardo hizo historia en el periodismo peruano, a través del grupo mediático que encabezó por años, habiendo creado, entre muchas cosas, el diario de mayor tiraje en América Latina, y el noticiero que destapó el mayor caso de corrupción en la historia del país. Pero Bernardo también fue el “padre de la cocina novoandina” y el culpable, en gran medida, de que hoy en día muchas personas alrededor del mundo sepan dónde queda Perú en el mapa gracias a su gastronomía. Fue él quién creó el semillero de los chefs que hoy salen en revistas y documentales de Netflix, quienes aprendieron sobre la revolución de la gastronomía peruana en la cocina del restaurante de su hija Hirka, “Pantagruel”. Porque eso fue Bernardo, un revolucionario. Fue él quien creó “Mistura”, la feria gastronómica más grande de América Latina, y la razón por la que nos conocimos, pues luego la firma que lidero desarrolló su franquicia, proyecto que quedaría inconcluso por falta de apoyo del gobierno.

Nos conocimos por negocios, pero rápidamente el Bernardo “cliente” quedó atrás, y conocí al Bernardo “amigo”, al Bernardo “consejero”, al Bernardo “confidente”, y pude gozar en su compañía de innumerables banquetes, algunos cocinados por él mismo, y catas, y viajes y anécdotas que serán para siempre pinceladas de color en mi vida. Hoy no queda llorar, solo celebrar. Celebrar la partida de un “grande”, una despedida que no será para siempre, sino tan solo un hasta pronto.

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